En este año electoral, el
Gobierno ha suprimido el Impuesto sobre el Patrimonio de las
Personas Físicas. Esta eliminación surte efecto
desde el 1 de enero del 2008. Esto significa que este año
2008, hay que presentar la última declaración
del impuesto del patrimonio, pues esta declaración
se refiere al año 2007. Por tanto el año 2009
ya no habrá que presentar más el impuesto sobre
el patrimonio. Con esta medida, cerca de un millón
de contribuyentes a los que hay que sumar 300.000 extranjeros,
se ahorrarán más de 1.800 millones de euros,
que supuestamente lo recaudará el estado de otra manera.
Se trata del cumplimiento de una promesa
electoral que tendrá una incidencia favorable en
la venta de viviendas a extranjeros, ya que este gravamen
había provocado numerosas quejas. Además,
con la eliminación de este impuesto, se deja de penalizar
el ahorro. La desaparición del impuesto de patrimonio,
según Hacienda, debe considerarse en el ámbito
de la Unión Europea, donde ya había desaparecido
de prácticamente todos los países. En España
se implantó con carácter transitorio en 1978
y su principal objetivo era obtener información de
los contribuyentes, algo que ya se consigue con otros medios;
recordemos que la Hacienda Pública española
es de las más avanzadas del mundo en el aspecto tecnológico.
Fuentes de Hacienda explican que el impuesto era injusto,
ya que castigaba fundamentalmente a las clases medias urbanas.
Además, los tipos de gravamen podían llegar
hasta el 2,5% del valor patrimonial (que es elevadísimo),
según Hacienda. Tal como explica, esta escala se
aprobó hace treinta años, cuando los tipos
de interés eran cinco o seis veces superiores a los
actuales.
Técnicamente, la Ley no desaparece,
ya que sirve de punto de referencia para otra normativa
fiscal, pero desaparece el gravamen y la obligación
de presentar declaración. Para evitar confusiones,
Hacienda ha insistido en que sí hay que presentar
el impuesto en la declaración de la renta de este
año que acaba en junio, dado que corresponde al 2007;
"será en la declaración de la renta del
2009 cuando no se presentará".
El colectivo de Técnicos del
Ministerio de Hacienda (Gestha) afirmó recientemente
que la posible supresión del Impuesto sobre el Patrimonio
beneficiaría a unos 35.000 ciudadanos, que declaran
un patrimonio neto superior a 1,5 millones de euros y que
se ahorrarían 711 millones (el 49,32% de la recaudación
total).
En un comunicado, Gestha destaca que las comunidades más
beneficiadas si desaparece el Impuesto sobre el Patrimonio
serán Cataluña y Madrid, ya que concentran,
con 322.725 millones de euros, más de la mitad de
la riqueza nacional.
España es uno de los países donde este instrumento
de control de las rentas tiene menor importancia, pese al
aumento del número de supermillonarios. En 1981,
por ejemplo, sólo tres personas declararon poseer
más de 2.500 millones de pesetas de patrimonio neto,
mientras que en la actualidad se aproximan al centenar.
El Gobierno a partir del próximo
año deberá compensar a las comunidades autónomas
por la pérdida de esta tasa. El mismo vicepresidente
segundo del Gobierno español, destacó en la
rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, que la
supresión del impuesto favorecería la adquisición
de segundas viviendas por ciudadanos no residentes, "en
un momento de desaceleración del sector inmobiliario".
Según Hacienda, la supresión
del gravamen beneficiará "a las clases medias;
trabajadores y profesionales que invierten sus ahorros en
inmuebles y fondos de inversión".
Al suprimir este tributo, España
se alineará con la mayoría los países
europeos que ya lo han eliminado. De hecho, en la actualidad,
sólo Francia y España mantenían vigente
este impuesto.
Pese a las críticas vertidas
durante la campaña electoral por los contrarios a
la eliminación del gravamen, Hacienda justifica su
supresión argumentando que se ha quedado obsoleto:
nació en 1977 con carácter transitorio para
alcanzar dos objetivos: ser redistributivo y censal. Pero
en la actualidad ya no se cumplen ninguna de estas dos premisas.
Por un lado, grava casi exclusivamente el ahorro de las
clases medias (las rentas altas tienen productos financieros
que eluden el impuesto sobre sus fortunas, y las rentas
bajas no lo pagan).